Pintura Infantil, reseña del Libro “Dibujos Infantiles”

Dos artículos publicados recientemente en:

Prensa Libre publicado el 11 de octubre de 2006, por Lucía Herrera de la Sección Cultural, y

Diario La Hora, Suplemento Cultural “Desde la Portada” Sábado, 25 de septiembre de 2010 Por José “Pepo” Toledo

PRENSA LIBRE

“11/10/06 – 00:00 Cultura

El pequeño Efraín

El juego de hacer dibujos: pintura infantil de Efraín Recinos, será proyectada por primera vez

POR: LUCÍA HERRERA

“Desde pequeño ya traía la idea de que tenía que haber un teatro por algún lado porque dibujé un castillo que se parecía al teatro (Centro Cultural “Miguel Ángel Asturias”)”, dice Efraín Recinos de uno de los dibujos que realizó cuando tenía entre 5 y 10 años.

Cien de estos dibujos fueron seleccionados para el documental El juego de hacer dibujos: pintura infantil de Efraín Recinos (1933-1939), que realizó la Fundación Mario Monteforte Toledo, y que será proyectada por primera vez el día que se inaugure la exposición de 36 de esos dibujos.

Eduardo Spigler, productor del documental, comenta que en noviembre del año pasado José Toledo, director de la Fundación Mario Monteforte Toledo, asistió a la entrega de la Orden “Carlos Mérida” que el presidente de la República le otorgó a varios artistas, entre ellos el maestro Recinos.

Cuando le dieron la orden al maestro, éste pidió la palabra, punto que no estaba en la agenda protocolaria, sacó un folder con unos dibujos que había hecho cuando era pequeño y comenzó a hablar sobre ellos de una forma muy cómica.

De allí a Toledo le surgió el interés por hacer un documental sobre esa etapa de la vida del artista que diseñó el Centro Cultural “Miguel Angel Asturias”.

Recinos comenta “mi papito tuvo la gracia de guardar centenares de esos dibujos de mi infancia. Cuando él se fue a otra dimensión, yo dije ‘hay que guardar estos dibujos porque él los guardó’, y ahora apareció Pepo (José Toledo) con la inquietud de hacer algo con ellos”.

“Yo no estudiaba en ninguna escuela porque mi papito pensaba que los demás niños me iban a enseñar cosas malcriadas y feas –agrega–. Así que me quedé en casa a dibujar y dibujar y leer y leer. Yo no tenía ni idea de lo que era ser niño porque siempre estaba muy sólo dibujando. Mi papá me apoyaba y miraba lo que hacía pero nunca me daba consejos para no guiarme en nada”.

“Yo utilizaba todos los materiales que podía para dibujar, a veces tenía crayones pero otras sólo lápiz porque a mi papá no le alcanzaba el sueldo –dice con mucha emoción–. Yo dibujaba en los años 30, cuando las noticias que llegaban por la radio y en los periódicos eran la guerra española, la invasión a Etiopía por Italia, y la Segunda Guerra Mundial. Eran guerras por todos lados. De esa forma yo dibujaba muchas guerras, además paisajes, retratos, figuras fantásticas, inventos, monstruos humanos y mecánicos, mujeres y castillos que me imaginaba, algunos inspirados en libros que leía y otros de mi imaginación. Es una chistosidad todo el tiempo que dediqué a estas cosas”.

Sin duda Recinos ya traía en la sangre el ser un gran artista, aunque él diga que no está seguro de serlo. “Talvez 200 años más tarde digan ‘ese era artista’, pero ahora soy aprendiz”, comenta.”

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DIARIO LA HORA

Suplemento Cultural
Sábado, 25 de Septiembre de 2010

Desde la portada
Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

Por José Toledo Ordóñez*
Enrique Efraín Recinos Valenzuela nos relata los hechos que determinaron su niñez: “Mi papito dijo que yo no iba a estudiar en ninguna escuela porque los niños me iban a enseñar malcriadezas y malas costumbres. Por eso pasé de los cinco a los once años sólo en mi casa. No jugaba con ningún niño. La pasé haciendo de haragán, dibujando y leyendo salvajemente lo que fuera.
“Castillo” (1939) de Efraín Recinos, con notable parecido al Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, zona 4. FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Castillo” (1939) de Efraín Recinos, otro dibujo de su infancia
profético a lo que posteriormente diseñaría.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Centro Cultural Miguel Ángel Asturias”, diseño de Efraín Recinos.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Fuego” (1938) de Efraín Recinos, dibujo de infancia, que se
parecería mucho a su obra “Estado de sitio”, cincuenta años posterior.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Estado de sitio” (1988) de Efraín Recinos.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Música grande” (1969) de Efraín Recinos, otra obra con reminiscencias infantiles.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Fieras prehistóricas” (1939) de Efraín Recinos.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Paisaje 34″ (1938) de Efraín Recinos, una obra que contiene reminiscencias infantiles.                                                                                                                                 FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

“Totonicapense” (1938) de Efraín Recinos.
FOTO LA HORA: EL JUEGO DE HACER DIBUJOS

Posibilidades del dibujo infantil: el caso de Efraín Recinos

Nació en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, el 15 de mayo de 1928. Su padre, José Efraín Recinos Arriaza, era músico, inventor, fabricante de instrumentos musicales y, además, pintor. Talvez por eso motivó a su hijo a dibujar y guardó cuidadosamente los trabajos de su infancia.

Siendo pintor pudo fácilmente caer en la tentación de enseñarle a su hijo a pintar como adulto. La temprana enseñanza de la técnica o la copia de modelos pudieron haber acabado con la libertad y espontaneidad del niño. Sin embargo, no lo influenció. Respetó su creatividad infantil. Sabemos que el arte no debe entrar en el niño, sino salir de él. Padre y maestro deben tener absoluto respeto por las creaciones del niño. El maestro debe ser un espectador que motiva al niño y pone a su disposición toda clase de facilidades posibles. Por otro lado, cualquier desprecio puede afectar al niño y alejarlo de la pintura irremisiblemente. El padre de Efraín supo manejar este delicado equilibrio. Si a esto sumamos que no lo dejó ir a la escuela, el resultado fue un dibujo suelto y producto de sus impulsos naturales. En ningún momento, ni en casa ni en la escuela, hubo contaminación.

Cuenta Efraín: “Lo bueno de mi papito es que trataba de fechar todos mis dibujos, ponerles de qué tema eran y los guardaba. Regresaba de su trabajo cansado a comer y lo primero que hacía era chequear mis dibujos sin decirme nada. Ni que estaban mal, ni que estaban bien. Ningún juicio estético.” Luego añade: “Eran dibujos porque en ese tiempo lo único que conocí fueron crayones de color y sobre todo lápiz, que era lo más barato. La primera vez que me acuerdo fue en el año 33 en que yo tenía cinco años y llevó una cajita de crayones para que dibujara lo que fuera. Mi papito a veces tenía recursos para comprar cajas de crayones y a veces no. Por lo tanto, esta primera tanda de dibujos disfrutaron de una caja de colores. Grotescamente echado, infantilmente echado, pero eran de color.

Los altibajos de la economía del padre de Efraín Recinos se reflejaban en la presencia o ausencia de color de sus dibujos. Después de un 1933 lleno de color, 1934 comenzó con dibujos de lápiz y terminó con crayón. Aquí comenzó la época de escasez más prolongada que duró hasta finales de 1936. Efraín recuerda: “Otra vez, no había crayones. Eran épocas difíciles. Para poder alimentarnos mi papito nos llevaba un pan grande y lo partía en tres, un pedazo para cada uno de los tres hijos. Siempre nos quedábamos con hambre, pero ésa era la situación“. En el año de 1937 comenzó con crayones y terminó con lápiz. El año siguiente, fue el año de más altibajos: lápiz, color y lápiz. Como un cuento de hadas con final feliz, su niñez termina en 1939, a los once años, a pleno color.

Sus temas recurrentes fueron grandes batallas, monstruos, héroes y, por supuesto, bellas damiselas que merecían ser rescatadas.

La guerra dejó marcada la vida de Efraín Recinos. En 1936, cuando tenía ocho años, estalla la Guerra Civil española. Las noticias del conflicto ocupan los diarios. Estando en su apogeo, un año más tarde, inicia la II Guerra Chino-Japonesa. La atmósfera bélica que precede la Segunda Guerra Mundial se hace cada vez más pesada. En 1939 finaliza la Guerra Civil española. La paz dura poco tiempo. Apenas cinco meses después estalla la II Guerra Mundial.

Los niños tienen gran poder imaginativo y normalmente prefieren los temas bélicos. Según el estadio pseudos naturalista de Lowenfeld, después de los doce año los niños entran en la edad del razonamiento, que se caracteriza por grandes conflictos. Efraín alcanzó esta etapa a la corta edad de cinco años.

A todos los acontecimientos mundiales debemos añadir que Recinos creció en Guatemala durante el régimen autoritario de Jorge Ubico. Esto explica su recurrente inquietud por los dictadores. Podríamos decir fascinación. El propio Ubico y además Napoleón, Hitler y Mussolini, fueron representados en sus pinturas de niño y luego en diferentes épocas de su vida.

A los cinco años de edad el pequeño Efraín representa la figura del dictador como un personaje con corona, con una candidez extraordinaria que, a la vez, raya en lo poético. Basta leer el título, “El Presidente Rey”, para entenderlo. En otras palabras, un presidente que hace lo que quiere. no por gusto en Guatemala decimos que los dictadores, o bien los presidentes dictatoriales, ven el país como si fuese una gran finca de su propiedad.

El temor reverencial a Jorge Ubico dejó su huella en el pequeño. No se podía hablar del gobernante ni en casa, porque entre las paredes podía haber espías a su servicio. Hacer un dibujo del general era un compromiso. Existía la posibilidad de que uno de estos espías lo hiciera llegar a sus manos y no fuese de su agrado.

Recordemos lo afirmado por Luquet: “Algunas veces la imaginación se convierte en un sustituto de la realidad y sirve para satisfacer deseos que en la vida no pueden realizar: por ejemplo, muchos niños leen novelas o dibujan por falta de juegos dándole a su vida así el encanto y la novedad de la aventura“. Estas palabras se cumplieron en Efraín Recinos, aunque él fue mucho más allá. Escribió cuentos de niño y más adelante hizo historietas donde sensuales heroínas -ahora de moda- luchaban contra el mal. A menudo se representa él mismo como héroe en sus fantasiosas pinturas. Un sueño transportado desde su infancia.

A los once años recuerda Efraín que dejó de pintar como un niño. En realidad jamás lo hizo. Su dibujo infantil carece de las características usuales en los demás chiquillos.

Continuó pintando con crayones toda su vida, haciendo extraordinarias obras que dejan sin argumentos a aquellos que no le confieren la categoría de pintura a esta técnica.

INFLUENCIA DE SU NIÑEZ EN SU OBRA

No es ninguna novedad afirmar que las vivencias de la niñez de unas personas tienen una influencia determinante en el desarrollo de su personalidad. El entorno en que creció Efraín Recinos dejó claramente su huella en su vida de adulto, que quedó especialmente marcada por la guerra, o dicho de una forma más amplia, la lucha del bien contra el mal. Esta y otras experiencias fueron y siguen siendo fuente de inspiración de las obras artísticas de Efraín Recinos.

La guerra, los personajes épicos y la lucha del bien y el mal han sido la constante en la obra de Recinos. Al respecto nos comenta: “Entre el mal y el bien está la clave de lo que hice después. Esculturas de la violencia de nuestros años de guerra interna, las peores guerras que puede haber en la historia de cualquier país. En ese tiempo hubo trabajos que no eran de protesta ni de crítica sino de amargura en torno a lo que estaba pasando, como la marimba que no suena, ‘Música grande’, allá en el museo, o el ‘Caballero quetzal’ vestido de guerra. Éstas indican que en realidad nos estamos destruyendo a nosotros mismos. El mal y el bien en el conflicto de quién va a ser el que destruye al otro y la amargura de muertos inocentes.

Esperamos que nunca más volvamos a estos regímenes en que todo se resolvía con ‘Estado de sitio’, toque de queda, usted no salga de su casa. Pero en realidad estos soldados no tienen la culpa de lo que hacen. Por eso tienen esas vendas en sus cabezas. Sólo reciben órdenes. Y, además, como los antiguos cañones de antes que para balancear el enorme peso del cañón tenían estas enormes piezas de madera. Aquí hay por supuesto una foto de un gran prócer, aquellos que arma en mano hicieron conquistas. Y entre todo ese público siempre aparece el turista típico inocente, que nos viene a tomar la foto“.

*José "Pepo" Toledo, es empresario y artista plástico, productor de cine, escritor e impulsor de arte,
desde la Fundación Mario Monteforte Toledo. El presente texto es un  extracto del libro "El juego de
hacer dibujos. Dibujo infantil de Efraín  Recinos, 1933-1939", escrito y editado por Toledo Ordóñez.
El libro fue  publicado por la Fundación Mario Monteforte Toledo y está a la venta.

Comentario de los lectores,

Byron Mejia
Domingo, 26 de Septiembre de 2010 19:15

Cuando el ser humano descubre lo que quiere hacer en la vida, es lo mas feliz que le puede pasar, cuando el trabajo se hace por placer y no por obligación es maravilloso, creo que el maestro Efrain Recinos y vuelvo a redundar con respeto Maestro, fue lo que encontro en su vida, le admirado aunque yo de arte no se ni JOTA, pero lo veo que un Guatemalteco de Gran Estima, que le esta dejando un legado grande al país, que Dios le bendiga, y espero que mi país al que amo, cada día nazcan personas como el MAESTRO EFRAÍN RECINOS.